De vuelta a la calle

Caminando por la Avenida Ponce De León me encontré a un personaje que hacía años no veía. Por mucho tiempo coincidimos en mis viernes sociales en La Placita de Santurce, pero desde que me mudé de San Juan, perdí contacto con él.

Sin embargo, era difícil olvidar aquel flaco cuarentón -aunque parecía ya por encima de los 50. Poco había cambiado desde la última vez que lo vi. Más delgado, quizás, con su piel curtida por el sol, su gorra que dejaba escapar por los lados su rebelde pelo grisáceo, evidencia de que no habían visto tijeras en meses.

Su ropa, uno o dos tamaños más grandes del que realmente vestía, mahones gastados, casi a mitad de nalga, porque la correa ya apenas tenía rotitos para sostener la hebilla, y unos tenis que hacía tiempo dejaron de ser blancos y que poco les quedaba de tenis.

              Pero ahí estaba, en la faena de siempre, intentando dejar en orden los pocos espacios que hay de estacionamiento en esa área, con el mismo entusiasmo de ganarse el pesito y de conversar.

Y es que el destino le ha puesto en un balcón privilegiado, desde donde observa, internaliza y verbaliza lo que pasa día tras día en este país -y también en otros- y él, con la sabia que solo la calle proporciona, lo procesa de una forma tan particular que puede provocarte risa, llanto, intriga, indignación, rabia o confusión. Pero, por más inverosímil que se escuche, siempre terminas preguntándote: ¿Tendrá razón?

¡Ah, y ese inconfundible grito de guerra que avisaba al conductor que paseaba a tres millas por la zona, que había un espacio disponible para dejar su cacharro de cuatro ruedas.

-¡Viene Palkin, Palkin!

Nunca supe su nombre de pila, solo su apodo: Willie Parking

Era perfecto para él, porque de eso vivía, de ayudar a los conductores a dejar su auto en cualquier esquina, acera, calle o solar, donde no interrumpiera el resto del tráfico y les proporcionara a sus dueños algún sentido de seguridad de que ese alguien a quien nadie conoce, pero todos ven, les iba a velar su auto.

Con todo lo que ha sucedido en Puerto Rico en los últimos años, me moría de ganas por escucharlo. Así que, con temor de que no me reconociera, pero intrigado por saber qué pensaba ese genio de la brea, me acerqué a donde daba las instrucciones a una señora para alinear su Nissan Versa azul y la conversación fluyó más o menos así:

-Dale un poco más pa’la derecha, misi, que esto está al otro la’o… más, más… sin miedo doña, que el golpe avisa… eso. Déjalo ahí que yo no me muevo de aquí

-Willie, ¿eres tú?

              -Nah, soy el fantasma de la Ospera esa… ¡Claro!

-Coño, ¿te acuerdas de mí? Yo era de los que venía los viernes a la Placita con los panas de la Iupi…

-Tu cara e torta me suena, pero con tanta gente que viene a la Placita, ¿cómo diablos voy a saber quién eres?

-Da igual, lo que sí es que hace mucho tiempo que no te veía. Me alegra encontrarte.

  -Pues gracias, pero si vienes a pedir chavos pa’ la política te puedes ir por donde viniste porque estoy más pela’o que una papa en fricasé.

  -Nombre no, Willie. Voy a encontrarme con un pana en el Coco de Luis y cuando te vi, me paré para saber de ti. ¿Qué ha pasado con tu vida?

-Puej, soñando con ser millonario pa’ irme pal carajo de esta pangola de isla. Aquí ha pasa’o de to’.

-La verdad es que la hemos pasado negras…

-Y blancas y amarillas y verdes. Esto parece un castigo del más allá. Estamos más salaos que un bacalao…

-¿Dónde estuviste pal huracán?

-Me fui pa’ un refugio porque mi casita no aguantaba. No la pasé mal. Tenía comida y un catre pa’ dormir. Pero duré pal de semanas. No podía estar sin hacer na’. Cuando acabó el revolú, me pregunté: Dónde pueden haber carros pa’ palkial? Fácil, en el Centro de Convenciones. Ahí estaban to’s los cocorocos del gobierno. Y pa allá me fui a buscarme el peso.

-¿Te fue bien?

Nah, si esos tipos van tos con chofer. Ninguno sabe guiar ya… Algunos de los que fueron a buscar ayuda, me tiraban con algo, pero los grandes ni me miraban. Pasaban como centellas por esa calle que levantaban la brea. Anyway, esa gente ni chavos tienen en el bolsillo. Todo es con tarjetas y mierdas de esas. Ni un límber se pueden comer porque no tienen con qué pagar.

-Fueron días duros…

-¿Qué si duros? Muchacho, esto aquí parecía que habían solta’o una bomba. To’pela’o y to’ cerra’o. Sin gasolina, sin compra. Las casas hechas cantos por tos la’os. Y los refugos más preñaos que una puerca en Navidad.

-Y después esas noticias que salieron…

              -¡Ay mijo, si te hago la lista, no acabamos! Que si Waifish, que si Cobra, que si las ayudas, que si los toldos azules, que la gasolina, las compras. Los políticos atrasando las ayudas pa’ salir en la foto… tú sabes, porque pa’ eso sí son buenos, pa’ dar cara a las cámaras¡Mire señol, dale pa’ trás que todavía cabe un troj por ahí! Dale más, más… ahí está bueno. Déjame las llaves ahí en el caunter.

-¿Y qué te pareció la visita del presidente de Estados Unidos en medio de la emergencia?

-Mira, si no quieres que me dé un fostró en el corazón, no me hables de ese, pol favol. Ese hijuesumadre vino aquí a estrujarnos en la cara que nosotros le salimos caro, que si lo sacamos del presupuesto, que aquí no pasó na’ y después nos tiró pal de rollos de Baunty y se fue tan pancho… y el mama’o de gobernador que teníamos riéndole las gracias. Parecía un nene cuando va a una cancha por primera vez a vel jugal a su jugadol favorito. Ni yo cuando vi por primera vez a Raymond Dalmau, que por poco le doy un beso de la emoción. Así estaba él, embelesa’o mirando al hincho ese que nos miraba atravesa’o. Aparte, ¿quién diablo le dijo a Trump que se pusiera jacket si aquí estaba haciendo un calol de madre?

-Por lo menos Carmen Yulín Cruz sacó la cara y dijo algo…

-¡Queeee va a sel! Eso fue un aguaje blandengue… decirle dos boberías ahí pa’ después sacarle millaje. Chacho, con eso dio la vuelta por los estados to’ juntos como cuatro veces. Guisó más que Los Sabrosos del Merengue en graduaciones. Y después anunció que se iba a tiral pa gobernadora. Como si tres palabritas que le dijo al gringo fueran suficiente pa’ convencel a los populares, que no la quieren tocal ni con una vara lalga.

-Pero Trump no le ha quitado el guante a Puerto Rico.

-Ni se lo quitará, si con las estupideces que hacen aquí, cualquiera diría que tiene razón cuando dice que nosotros somos unos corruptos, que no podemos gobernarnos y qué se yo qué más… Es un infeliz. Bastantes problemas tiene allá en su casa pa’ venir a tocarnos las narices a nosotros.

Han pasado tantas cosas de las que me guataría hablar contigo. La recuperación después del huracán, los temblores, la pandemia…

-Pero ven acá, ¿tú no tienes nada qué hacel? Porque yo estoy ocupa’o ahora. Mira, estoy velando estos tres carros porque por ahí hay unos manduletes vaciando las gomas de los carros por jodel. Le tengo el ojo a uno que, si lo agarro, lo pongo como chupa.

-Pues dale Willie, luego paso por aquí y seguimos hablando.

-¡Coño pero invítame a una medallita por lo menos, que se me seca el galillo!

-¡Eso va! Cuídate Willie.

-Dale mi hermanito… ¡Viene palkin, palkin!

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Publicado por willieparking

Willie Parking es un hombre de la calle... literalmente. Trabaja estacionando autos donde quiera que haya una multitud y conversa con todo aquel que le diga "hola". Graduado con altos honores del "Instituto de la Vida" con especialidad en "Análisis del Día a Día", comenta todo lo que acontece en Puerto Rico y el Mundo desde su peculiar punto de vista.

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